Comunicación. El Che en el S. XXI: ¿Tiene realmente vigencia el proyecto político de Ernesto Guevara? (Cristobal García)

EL CHE EN EL S.XXI: ¿TIENE REALMENTE VIGENCIA EL PROYECTO POLÍTICO DE ERNESTO GUEVARA?

Cristobal García

El 50 aniversario del asesinato de Ernesto Che Guevara es motivo este año de diversos tipos de homenaje. Pero, más allá de los recordatorios nostálgicos y los reconocimientos póstumos, ¿tiene sentido, en pleno siglo XXI, plantearse hoy la vigencia el planteamiento político de Ernesto Guevara o las condiciones de la sociedad contemporánea han cambiado tanto como para volverlo obsoleto?

¿Existe realmente un legado “guevariano”, ético, político y teórico, que merezca ser continuado por las nuevas generaciones que aspiran a transformar la sociedad y construir un proyecto político emancipatorio? ¿O fue el Che Guevara tan solo un guerrillero “romántico”; una suerte de Quijote, valiente y consecuente con sus ideales, pero carente de “realismo” político?

Más allá de las falsificaciones o idealizaciones más o menos interesadas del personaje, o de los intentos de transformarlo en un nuevo icono contracultural inofensivo para el sistema capitalista, los estudios más serios sobre Ernesto Guevara, de los que trataremos de dar cuenta brevemente en nuestra exposición, demuestran que el revolucionario latinoamericano no fue solamente un “guerrillero heroico”, sino una figura destacada de la tradición marxista, fundada en la relación dialéctica entre la práctica política y el análisis y la elaboración teórica, como herramientas básicas para fundamentar cualquier proyecto revolucionario.

Como exponente de una corriente marxista a la que acabaría dando nombre, “el guevarismo”, el Che continúa interpelando hoy a las nuevas generaciones con una propuesta política que no transa con el sistema establecido, con una visión internacionalista, antiimperialista, anticapitalista y que pone encima de la mesa de los movimientos y organizaciones de izquierda el tema fundamental del Poder y de la necesidad de los revolucionarios de combinar, conforme a los contextos específicos, todas las formas de lucha.

Un planteamiento radical, en el sentido martiano del término, que necesariamente desatará hoy, como ayer, todo tipo de ataques, de la derecha y la “izquierda”, pero que debe ser abordado en base al contraste abierto de los argumentos y su fundamentación empírica.

El Che no será nunca un compañero cómodo, o complaciente, para quienes honradamente se vean impelidos a seguir su ejemplo militante, si el molesto aguijón en la conciencia de un hombre que siempre “actuó como pensaba” y que convirtió en guía de su vida la aplicación consecuente de la máxima “la verdad es siempre revolucionaria”.

 

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